SE SALIÓ CON LA SUYA TOÑO ASTIAZARÁN: EL CABILDO DE HERMOSILLO RESPALDA AL ALCALDE Y LOS BARES SE IMPONEN (VIDEO)

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Por José Luis Jara

El alcalde de Hermosillo logró lo que se propuso. Con el respaldo de la mayoría del Cabildo, ahora tiene vía libre para regularizar bares y cantinas que, hasta ahora, operaban en la ilegalidad: sin cumplir con la Ley de Alcoholes ni con los permisos de uso de suelo. El acuerdo, aprobado durante la sesión del 28 de mayo, ampara a establecimientos con más de 20 años de operación… aunque muchos no tengan ni los documentos básicos en regla.

Los más beneficiados: una veintena de negocios asentados a lo largo del bulevar Hidalgo, cuyas noches sonoras y sus luces intermitentes se han convertido en una pesadilla para los vecinos de las colonias aledañas. Los más perjudicados: las y los habitantes de El Centenario y del centro de la ciudad que hoy sienten que la ciudad les ha dado la espalda.

“El Centenario habla: no es progreso si destruye la historia”.

Así lo dijeron, con voz firme y paso decidido, frente al Palacio Municipal. Pancartas en mano, hombres y mujeres de todas las edades tomaron la plaza Zaragoza para entregar un pronunciamiento público y exhibir su inconformidad. Esta vez no pidieron, exigieron. Y lo hicieron desde la convicción de que su barrio, su historia y sus derechos no están en venta.

“La tregua se acabó”, dijo Joventino Olovarría Quihuis, un rostro ya conocido en esta lucha. Su tono era sereno, pero sus palabras afiladas. “Quieren autorizar al presidente municipal para que arregle directamente el funcionamiento de bares que no cumplen con los requisitos. No estamos de acuerdo. Nos oponemos”.

Al preguntarle si percibe algo oscuro detrás de este convenio, no duda: “Definitivamente. El hecho de que no sea claro, deja mucho que desear. Nada es gratis. Estamos hablando de grupos económicos fuertes, poderosos”.

A su lado, Isabel Dorado, otra figura clave en la defensa de la colonia, denunció una campaña de desprestigio orquestada en su contra. “Nos quieren vincular con intereses políticos. Mostraron un video mío oponiéndose a las presas del río Sonora, como si fuera un delito participar en la vida pública. Esto no es periodismo, es una guerra sucia”.

Gabriela Gutiérrez, vecina y activista, fue aún más tajante: “Lo que están haciendo es traicionar a la ciudadanía. Hace apenas una semana dialogamos con el Secretario del Ayuntamiento, le planteamos todos los problemas: la contaminación auditiva, la violación al uso de suelo, la falta de respeto a las zonas habitacionales… ¿Y ahora esto? Es incongruente”.

La otra batalla: el bulevar Hidalgo

Mientras se discuten convenios en Cabildo, las máquinas siguen avanzando sobre el bulevar Hidalgo. Según denuncian los vecinos, las obras destruyen el patrimonio histórico y arrebatan áreas verdes. “Consultamos con un abogado del INAH”, explicó Gabriela, “y aunque el Ayuntamiento entregó ya el proyecto definitivo, hay puntos que no se están cumpliendo. Exigimos que se respete lo pactado: área de juegos, reducción de la cancha de basquetbol, ampliación de zonas verdes. Todo eso sigue pendiente”.

En esta lucha no hay banderas partidistas, aseguran. “Sea PRI, PAN, PRD o Morena —afirma Joventino— lo único que pedimos es que se respete la ley. Ningún negocio debe estar por encima de la normatividad”.

Durante la sesión de Cabildo, solo tres regidoras se opusieron: Fany Duarte, quien leyó un documento en contra del acuerdo; Natalia Rivera, que también alzó la voz crítica, y una tercera representante. “Los demás votaron sin escuchar nuestras razones”, lamentó Joventino. “Pero esto no termina aquí”.

Y no terminó.

El viernes siguiente, las y los vecinos volverán a salir. Esta vez, rumbo al Palacio de Gobierno, y después, al Congreso del Estado. Porque en esta historia —como en todas las luchas por la ciudad— la resistencia no se mide en votos, sino en convicciones.

El video de la protesta termina con una imagen que vale más que cualquier decreto: ciudadanas y ciudadanos de pie, con mantas al aire, frente a un Palacio que primero les cerró las puertas… y luego, no tuvo más opción que abrirlas.

Porque cuando la comunidad defiende su historia, ningún bar debería tener más poder que la ley.

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