Con una visión humanista y un enfoque de justicia social, el Gobierno de México, encabezado por la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, ha consolidado el programa «La Clínica es Nuestra» en Sonora. Durante 2025, se ha desplegado una inversión superior a los 134 millones de pesos, marcando un hito en la forma en que se administra el gasto público en materia de salud.
UNA ECONOMÍA MORAL: SIN INTERMEDIARIOS
El modelo operativo del programa rompe con la burocracia tradicional. Los recursos federales se entregan de manera directa a los Comités de Salud para el Bienestar (COSABI), integrados por ciudadanos locales. Esta estrategia no solo garantiza transparencia, sino que impulsa la economía regional al contratar mano de obra local y proveedores de la misma comunidad para las rehabilitaciones.
DESGLOSE DE LA INVERSIÓN
Octavio Almada Palafox, delegado de Bienestar en la entidad, detalló que la distribución de los fondos asegura una cobertura amplia tanto para derechohabientes como para población abierta:
IMSS-Bienestar: Se destinaron 122 millones 200 mil pesos para fortalecer los centros de salud que atienden a la población sin seguridad social.
ISSSTE: Se asignaron 12 millones 5 mil pesos para la mejora de unidades médicas de primer contacto para los trabajadores del Estado.
IMPACTO EN LA ATENCIÓN Y EL TEJIDO SOCIAL
Más allá de los muros y el equipamiento médico, el programa busca «dignificar» la experiencia del paciente. Las mejoras incluyen:
Rehabilitación de infraestructura: Espacios funcionales, limpios y seguros.
Equipamiento básico: Herramientas necesarias para diagnósticos oportunos en el primer nivel de atención.
Participación Ciudadana: La comunidad deja de ser espectadora para convertirse en ejecutora y vigilante de su propio derecho a la salud.
«Aquí no hay intermediarios, son las propias comunidades las que deciden cómo mejorar sus clínicas… poniendo la salud en manos del pueblo», afirmó Almada Palafox.
HACIA UN SISTEMA EQUITATIVO
Con esta inversión, Sonora se posiciona como un referente en la reducción del rezago histórico en infraestructura médica. Al fortalecer el primer nivel de atención, se reduce la saturación en hospitales de especialidad y se ofrece una respuesta más rápida y humana a las familias sonorenses en sus propios barrios y municipios.

